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Eduardo Martínez lleva media docena de años apareciendo por las pruebas deportivas de running o de travesías de Canarias. El tiene unas capacidades diferentes tras un accidente que sufrió en 2012. Una mala caída.

Esta semana ha publicado un relato sobre como ha ido afrontando su nueva vida, y en esa narración habla de personas como Pedro Pérez, entrenador del Metropole, o de Jordi Ulibarri, un genio en lo suyo, con Fisiomet, dándole vida a quienes padecen lesiones.

Fotografía: Tras completar la Travesía de La Bocaina 2019, Eduardo Martínez aparece delante, posando con varios amigos y el entrenador metropolista Pedro Pérez, el primero por la derecha.

Aquí tienen un extracto del relato de Eduardo: «Volvamos al año 2012, que ya tendremos tiempo de hablar de la felicidad del 19 de octubre pasado: Si las mañanas en el hospital eran frías, por las tardes no dejaban de venir gente a animarme. Llegó a ser tan grande el número de visitas que tuvieron que decirme que las atendiera abajo en la entrada del hospital. Yo estaba mal, y tenía que sacar fuerzas para animar a la gente que venía con todas las actitudes inimaginables.

Un día me vino a visitar la pareja de mi amiga Virginia, Pedro Pérez, no creo que hablará más de diez frases seguidas con él en toda mi vida antes de ese momento. Se le cruzó un señor antes de su llegada y me dio el típico saludo, que odiaba, por la espalda, tocando el hombro hacia delante, casi me tira, carezco de control de tronco. Pedro se impresionó. Vino con un mensaje directo, como otros muchos. ¿Quieres volver a nadar? Le dije que sí, y él me respondió que iba a buscar la manera de entrar en el CN Metropole para ayudarme a dar brazadas.

Tardó unas semanas en volver a aparecer y me ofreció un plan sincero y asumible. No tenía otra cosa que hacer. Perdí el trabajo y pensaba que el deporte se había acabado para mí. El cambio fue muy brusco de hacer un Ironman a no mantenerte ni recto en una silla de ruedas.

Así que en febrero del año 2013 empezamos a ir con Aspaym a la piscina de Las Rehoyas a hidroterapia y posteriormente al CN Metropole. El primer día que volví a pisar una piscina fue una de las experiencias más frustrantes de mi vida, me llevé mi gorro, un gesto simple e instintivo para un nadador y me fue imposible ponerlo, no mantenía el equilibrio para ello. Al día siguiente aprendí a ponérmelo solo con Yumei, la terapeuta del hospital.

Las fisios me preguntaron que qué quería hacer, yo les dije volver a nadar, ellas me miraron  extrañadas, para flotar el primer día me tuvieron que poner seis churros. Fue desolador ver la cara de mi hermana y Silvia en la lejanía, ni siquiera flotaba …»

En este enlace puede leer el relato completo, y desde el principio, que publicó el nadador Eduardo Martínez sobre sus vivencias desde que sufrió el accidente en 2012: http://lavidasigueenpositivo.com/?p=714