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Israel Oliver lo ha ganado todo en su disciplina, la natación, con una veintena de medallas de máximo nivel, y el reconocimiento que acumula gracias a su dilatada carrera en las piscinas, sin que su condición de deportista invidente le haya podido frenar.

 

 En el año 2016 logró lo que ningún otro deportista español pudo lograr en los pasados Juegos de Río: Dos medallas de oro, en 100 mariposa y 200 estilos. Pero no es, ni mucho menos, el único mérito de un nadador paralímpico, que lleva años coleccionando metales en campeonatos de Europa y del mundo.

 

Tiene 30 años, sus padres son grancanarios, pero toda su vida la ha pasado en Madrid. Sin embargo, y después de muchos años en centros de alto rendimiento tanto en la capital como en Barcelona, ha aterrizado en la isla para quedarse. “Ya era demasiado tiempo fuera de casa, viviendo con las normas y los horarios de un CAD. Me apetece ahora otro tipo de vida, formarme y estar cerca de la familia”, argumenta así su decisión de venir a Las Palmas.

 

Unos retos que el isleño afronta con la máxima ambición. Este año tiene una cita en Irlanda, concretamente en Dublín, para afrontar el Campeonato de Europa y en 2019 irá al Mundial, pero su gran objetivo está en los Juegos Olímpicos de Tokio de 2020. «Tras lo que hemos conseguido, todo lo que sea estar por debajo del oro me va a saber a poco. Mi ambición será la de repetir medalla pero, sobre todo, batir algún récord mundial. Es lo único que me falta», añade ávido de éxitos.

 

Para ello trabaja día a día en el Metropole junto al primer equipo de natación y bajo las directrices de Rodolfo Martín. «Sigo el plan de ruta que tenía en el ICAD de Madrid, pero al ser paralímpico necesito una atención diferente. Y de eso se encarga Rodolfo. Me vine a un apartamento cerca del club para poder ir a entrenar todas las mañanas. Es un gustazo tremendo estar y trabajar diariamente con un equipo tan acogedor y amable», alaba Israel.